CRÓNICA DE LA ROGATIVA
A
SAN JUAN DE PENYAGOLOSA.

Uno no deja de preguntarse muchas veces, a qué es debido la “vuelta” que se observa en todo lo que está siendo la recuperación del Patrimonio Cultural, Social y Religioso en nuestro Mundo Rural aragonés.

Hay quien lo explica porque debido a la presión con la que se vive en las ciudades (donde se aglutina la población en grandes núcleos) con una calidad de vida inferior a la que tenemos en nuestros pueblos y con un nivel altísimo de contaminación acústica, gaseosa, de polución y de estrés. Debido a esto se necesita ir al campo, andar, oxigenarse y contemplar bellos paisajes; poder disfrutar del tiempo y de la compañía amiga.

Sin quitar a lo que de verdad pueda ser esto, yo en los cuatro años que llevo de romería a San Juan de Penyagolosa desde Puertomingalvo creo que hay una necesidad de fondo de reencuentro con el ser humano, con su esencia y con su belleza interior.



 


Este año superábamos la cincuentena de personas que nos animábamos a emprender el camino a san Juan. Ambiente de fiesta, alegría y esperanza es lo que se respiraba cuando salíamos del Puerto cantando las letanías. Solidaridad, apoyo y unión es lo que se vivía mientras íbamos haciendo el camino hasta el momento de la bendición de términos y el esperado almuerzo. Compañía, oración serena y tranquila y caminar relajado lo que vivimos en la última parte del camino, amén de encontrar hueco para ensayar los cantos que más tarde en la Misa en el Santuario cantaría un nutrido grupo de personas.

Qué gozada cuando se encuentran las cruces, la que sale de San Juan y la que baja del Puerto, cuando se saludan los estandartes y se encuentran en un beso de paz ambas reliquias.

La Romería, además de ir ganando año tras año en presencia y participación, ha ganado en calidad, debido a que la gente es capaz de distinguir los momentos de silencio, de guardar el aire para subir las pendientes y de tener una conversación amena, tranquila (y por qué no profunda) en los momentos en que el camino se hace más llevadero y cuesta abajo.

Cuando la gente es capaz de realizar cientos de kilómetros por reencontrarse en esta cita anual, cuando cada año tenemos el privilegio de abrir nuestras puertas y nuestros corazones a rostros nuevos que se incorporan a la rogativa, cuando en el clima reina la alegría, las risas, las bromas y el compañerismo, nos encontramos sin duda ante una calidad humana que va en aumento y unas raíces cristianas, que, por enterradas que se encuentren bajo el paso y el peso de la historia, buscan la savia para el árbol de la vida, la Esperanza necesaria para levantarse cada mañana dando sentido a lo que se hace y el amor suficiente para no morir en el anonimato y el olvido.

Para mí este año la rogativa ha tenido muchos de esos momentos que describo arriba y sin duda puedo compartir con todos los que quieran la gozada que supone el vivir en nuestro pueblo de Puertomingalvo, el compartir, convivir y caminar con sus gentes y el querer, trabajar y resistir para que nuestro mundo rural tenga el futuro de dignidad y esperanza otrora negado.

Además aprovecho para invitar a la gente que quiera conocer cómo es la Romería a que adquiera el Video que se grabó el año pasado, en formato de VHS o DVD (disponible en la parroquia) por el módico importe de 15 euros colaborando por un lado a difundir nuestras raíces culturales y religiosas, por otro a dar a conocer lo que es el patrimonio de nuestra historia y también a colaborar con la parroquia para que si un día llegara una subvención de las instituciones (Dios quiera que sea pronto) podamos ver restaurado nuestro monumental templo parroquial.

Un abrazo de Paz, desde las montañas patudicas, donde el cielo está más cerca.

Antonio, el que aprende a ser vuestro cura.