Puertomingalvo, en el lejano sureste

El pueblo nació como una plaza defensiva en la frontera meridional de Aragón.

 

En los años 70 del pasado siglo, llegó a estar abandonado, pero el auge del turismo y un continuado esfuerzo para rescatar el patrimonio lo han vuelto a poner en el mapa.

 

Todas las guías turísticas sitúan Puertomingalvo «en los confines de Aragón». El pueblo está colgado a 1.456 metros de altitud, muy al este y muy al sur de la provincia de Teruel, en las estribaciones de la sierra de Gúdar. Esa ubicación explica que, en días claros, el mar Mediterráneo sea visible desde una ermita situada en sus alrededores. Y también que el 100% del turismo que recibe proceda de la Comunidad Valenciana.

«Estamos a solo 68 kilómetros de Castellón», señala Manuel Zafón, alcalde de la localidad, que cuenta con un centenar de vecinos. Los valencianos se enamoran de ese pueblo serrano, tan cerca de su tierra y a la vez tan distinto, con sus casas de sólida piedra apiñadas entre un castillo medieval y una iglesia de grandes dimensiones.

Por eso no es extraño que en verano su población se dispare hasta los 2.000 habitantes. De hecho, muchas de sus casas antiguas han sido compradas por gente de fuera que las ocupa los fines de semana, los puentes festivos y en época de vacaciones. Y ha habido que levantar bloques de apartamentos turísticos, siguiendo el estilo arquitectónico local, para albergar a parte de esa población de temporada.

Dos siglos de esplendor

«Antes de la llegada del turismo, en los años 70, el pueblo llegó a estar prácticamente abandonado», relata Zafón, que trabaja con denuedo para atraer nuevos pobladores a una zona castigada por la emigración. Puertomingalvo, se puede decir, resucitó en el último cuarto del pasado siglo. Primero llegó el agua corriente y, ya en los años 80, la concesión del título de conjunto histórico-artístico.

Ahora el esfuerzo de su ayuntamiento se centra en mejorar las carreteras que llevan a Castellón y en dirección a la autovía Mudéjar, que ha traído nuevos tipos de visitantes. «Desde que se terminó la A-23, los zaragozanos empezaron a descubrir esta zona del Maestrazgo y les sorprende», indica Ricardo García Prats, nacido en Puertomingalvo y director del Museo Salvador Vitoria en Rubielos de Mora.

El pueblo, en efecto, choca al visitante por su originalidad. Se halla en una estrecha elevación, rodeado de bancales escalonados, en un paisaje de alta montaña que estaría totalmente desarbolado si no fuera por los pinos que se agrupan en las laderas un poco al azar.

Todavía se conservan dos puertas de entrada de los tiempos en que estaba totalmente amurallado, la de San Antonio y otra más pequeña denominada el Portalico. El propio edificio consistorial, de estilo gótico, tiene algo de fortaleza. De hecho, en su sótano, en lo que fueron las mazmorras, se ha habilitado un museo de los castillos del Maestrazgo. Y la lonja o sala de la villa, de 300 metros cuadrados, hace las veces de centro de exposiciones. Visto desde fuera, lo que más llama la atención, además de su aspecto robusto, son sus ventanas con parteluz.

La iglesia, una auténtica mole, está influida en su hechura por la basílica del Pilar de Zaragoza. Es del XVII, como la mayoría de las construcciones de Puertomingalvo, que vivió su época de mayor esplendor a lo largo de ese siglo y el siguiente.

«La riqueza que permitió elevar las casas de piedra se generó con el comercio de la lana, que se exportaba a Italia a través del puerto de Tortosa», explica Ricardo García Prats.

Las fachadas de todas las edificaciones son objeto de un especial cuidado. «La Dirección General de Patrimonio Cultural exige que se deje la piedra a la vista y enrasada con la argamasa», comenta el alcalde. Eso contribuye a dar al pueblo un aspecto uniforme y a preservar las características que le valieron entrar en el selecto grupo de las localidades más bonitas de España.

Importancia estratégica

Camino del castillo se encuentra el hospital de pobres, que se ha convertido en albergue y biblioteca. La fortaleza, como gran parte del pueblo, llegó a estar en ruinas pero se fue recuperando a partir de los años 80. Sus dos torres, la de acceso y la del homenaje, recuerdan la importancia estratégica que poseyó Puertomingalvo como enclave defensivo en la frontera meridional de Aragón.

 

La torre más alta alberga un heterogéneo museo etnográfico con toda clase de enseres y utensilios de la vida cotidiana en el Maestrazgo. Es propiedad de la familia Mallén López. «Estamos en negociaciones con los dueños de las piezas para adquirirlas y que la colección pase a pertenecer al municipio», cuenta Zafón, que se ha propuesto instalar un mirador en la torre del homenaje.

F. Valero - El Periódico de Aragón

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