Hospicio Poma o Fundación Sta. María de Gracia


Con toda certeza, el acontecimiento socio-cultural de mayor proyección en la memoria de Puertomingalvo ha sido la fundación, durante la primera mitad del siglo XV, del Hospital de Nuestra Señora de Gracia, producto inicial de la generosidad de don Pedro Poma y doña Margarita Nadal, eminentes vecinos de la población, que, al estar faltos de hijo varón que perpetuase su apellido, decidieron dejar un capítulo sustancial de sus bienes para la creación y mantenimiento del citado establecimiento benéfico:

 

"... Queremos, ordenamos y mandamos que sea fecho un espital en el casalicio que era de Don Anton Poma, padre de mi, ..., a honor y reverencia de Santa Maria de Gracia..."

 

La institución pudo sostener regularmente su actividad durante varios siglos, llevando a cabo una importante labor social. Como poco, el Libro del Hospicio de don Pedro Poma, en el que se contempla copia de su testamento, observa las cuentas de la entidad hasta el año de 1833; otros ejercicios económicos llegan hasta 1902, fecha en la que se verifica el último presupuesto de ingresos y gastos. Si bien la fundación desarrolló activamente su cometido hasta 1936, fue precisamente a partir de esta fecha cuando el edificio material empezó a desmoronarse. En 1951 la Junta Provincial de Beneficencia formuló unas denuncias que afectaban al Patronato Local. Cuatro años más tarde, la O.M. de 2 de abril determinaba la integración del Patronato en la Junta Provincial de Beneficencia; la institución, a tenor de una nueva clasificación, pasaba a ser una más de las Fundaciones Benéfico-Asistenciales patrocinadas por la Dirección Provincial de Trabajo, Seguridad Social y Asuntos Sociales de Teruel. En abril de 1965 la Junta Provincial aprobó la ampliación de fines a propuesta de la Junta local con la peculiaridad de que se solicitaban, además, dos becas de estudio y la restauración del casalicio como hogar-residencia (de la tercera edad). Un oficio remitido por el Ministerio de Gobernación al Secretario de la Junta Local, en junio de 1966, comunicaba la concesión de un "último plazo improrrogable" para que la Fundación Poma reanudase su actividad y cumpliese con la ampliación de los fines fundacionales, decreto que exigía el consentimiento expreso de los beneficiarios y legítimos herederos para que la fundación incrementase su cometido asistencial atendiendo también a la tercera edad.

 

A lo largo de 1978 se llevó a cabo un proyecto de obras de restauración que se elevaba a seis millones doscientas mil pesetas. En 1982 una nueva decisión administrativa dispuso que en una primera fase se consolidase lo que aún quedaba en pie del Hospicio y que, seguidamente se procediese a su reconstrucción con el objeto de que pudiese albergar a la juventud y a la tercera edad "para proporcionarles solaz y esparcimiento" (Cfr. Boletín informativo de la Diputación de Teruel, nº 69). Finalmente, a través del R.D. 569/1995, de 7 de abril, la Administración del Estado traspasaba a la Comunidad Autónoma de Aragón las funciones, servicios, medios y créditos presupuestarios relacionados con la materia de fundaciones. En el otoño de 1984 se iniciaron las obras de restauración del Hospicio.

 

Actualmente, la remodelación del edificio, adaptada para los nuevos fines, parece haber quedado en una situación de punto muerto en espera de que los organismos competentes decidan sobre la conveniencia o no de utilizar el edificio como residencia de ancianos; oficialmente el cambio de nomenclatura parece indicarlo, pues de tener la denominación primera de 'Hospital de Nuestra Señora de Gracia', ha pasado a la de Fundación Benéfico-Asistencial 'Santa María de Gracia', y , a juzgar por la inscripción que reza en la fachada del edificio, 'Fundación Hogar Santa María de Gracia'.

 

Desconocemos la disposición arquitectónica de aquella casa particular, pero en conjunto se debía tratar de un edificio de mampostería de dos plantas al que se adosó posteriormente una capilla, precisión que, por otra parte, se hace constar también en el testamento.

 

Además del legado de D. Pedro y su esposa, es preciso también destacar la notable aportación de Miguel Marco: un capítulo especial de sus bienes se destinaba, como especial gracia testamentaria, a la formación y crianza de sus parientes pobres. Era el año 1614; a través de algunas indicaciones contenidas en el mismo documento, se hacía extensible a otras personas la posibilidad de convertirse en beneficiarias de la Fundación.II, otro vecino influyente de Puertomingalvo, don Ignacio Luesma y Marco, adjudicó al mismo Hospital una serie de bienes que permitieron ampliar algunas áreas de atención; concretamente su aportación se centró en la donación de tres masías sitas en el término de Castelvispal.